Etiquetas

martes, 15 de junio de 2010

CRS

La luna me espía, fiera. La noche me sigue. No hay nadie por esta calle, la oscura y larga calle. Y no puedo andar. No tengo fuerzas para levantarme de este dichoso suelo mojado. Y tú no estás. Te grito en un mundo perdido. Silencio, sólo silencio. Tú te has ido. Querías viajar a las estrellas para escapar de la luna. Y yo me quedé aquí. Esa noche.... Llovía. Ahora también llueve. Las gotas frías que llora el cielo se deslizan sobre tu cuerpo helado. Y yo no puedo hacer nada por evitarlo. Estás llorando. Pero estás muerto. Me miras fijamente. Tiemblo. Porque esos ojos se me clavan en todo el cuerpo. Ya no puedes acariciarme. No debes. Siento haberte matado. ¡No! No lo siento. Yo no siento nada, no tengo corazón, te lo di a ti. Ahora un vacío punzante ocupa su lugar. No hay sentimientos. Pero te quiero, y quisiera abrirte los ojos con mis dedos. Durmiendo en tu coche... ¿ahora dónde estás? Ahora que te necesito...
Vulnerable. Así eres tú. Vulnerable. Así soy yo. No hay camino. El fin está llegando. Ya has dejado de llorar. Ahora sólo sonríes. Sonríes porque han venido a buscarme. Dentro de pocos segundos me iré. Y nos encontraremos en la otra vida.
¿Quieres escapar? Corro detrás de ti.
Me tienes atrapada como la sabia araña encarcela a sus presas en las frágiles y delicadas telarañas que te impiden seguir adelante.
Pero tu sigues corriendo. No te cansas. Y cuando me paro yo, detienes la noche por un momento y te vuelves hacia mí. Me das la mano. Estás helado. Y al cogerla con la mía, ardiente de sed, se deshace al momento. Y tú con ella.
Como un minúsculo trocito de hielo en un océano de fuego, así te he fundido yo.
Nunca he llegado tan alto con alguien a mi lado. Escalo las mentiras. Un simple centímetro de roca y ¡zaaaaas! a la mierda todo.
Por fin, la muerte... Me viste de negro y absorbe toda mi sangre.
Tumbada en el suelo, ahora eres tú quién me mira mientras lloro.
¡Basta! Siempre ríes. Menos cuando me ves llegar. Es llegar y perderte. Y tú siempre ríes. Pero tus ojos no me engañan. Tu mirada es triste. Lo intuyo. Todo lo intuyo, pero dejo que ocurra...
Es el curso de la vida. ¿Escrito? Quizás...
Se van las sombras. Y con ellas la muerte. Y también la ilusión. Y los sueños.
Ella... Ella sigue ahí. Ha estado espiando nuestro juego desde el principio. Y nosotros abriendo la puta puerta para que nos viera mejor... Ella...
¡No! ¡He dicho basta! Eso es, así me gusta... paz. Paz interior. Aunque ella siga ahí. No quieres cerrar la puerta. No quieres quedarte sin aire que respirar. Quieres ver sus ojos mirándonos. No aguanto más. ¡Ciérrala! Y así quedarán nuestros cuerpos desnudos al amanecer.
Recorrerán nuestras huellas. Pero no nos encontrarán.
Tan sólo hallarán un libro escrito por mí. Y se harán sus versiones sobre lo qué pasó.
Basta de batallas. Por fin habré ganado la guerra, aunque nadie me llore.

No hay comentarios:

Publicar un comentario